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HABLAR DE MÁS: UN MAL DE MUCHOS 
QUE TIENE RÁPIDA CURA.


Palabra clave: Recursos Humanos en Salud. Noticias.

Autor:   Joann S. Lublin

Todo el mundo alguna vez ha sido víctima de la lengua larga o la falta de tacto a la hora de hacer algún comentario a sus jefes o colegas. Y seguramente a usted le ha pasado que, antes de terminar una frase ácida, ya se está arrepintiendo de dejarla escapar así, sin anestesia.

La forma más efectiva para recuperarse rápidamente de este tipo de tropiezos verbales es minimizarlos. Pero hay que tener cuidado. “ Nadie llega a ser un ejecutivo de peso si, en repetidas ocasiones, actúa sin tacto”, advierte Hal Reiter, titular de Herbert Mines Associates, una firma de cazatalentos en Nueva York.

Como reza el viejo refrán, más vale prevenir que tener que lamentar, y para ello, Reiter procura seguir lo que él llama la “regla de las 24 horas”: cuando sospecha que está por meter la pata frente a alguien, saca a relucir su consabida frase: “Mejor le respondo mañana”.

Muchos jefes piensan: “mientras más diga la verdad, puedo decir lo que quiera”, dice Joni Johnston, sicóloga y consultora de temas laborales. Sin embargo, recomienda tomarse un tiempo antes de decir ciertas cosas y contener arranques emocionales.

Un ex administrador de una empresa de servicios públicos solía criticar a sus compañeros de trabajo durante las reuniones con frases del tipo: “ésa es la cosa más estúpida que he escuchado”. Su jefe, cansado de disculpar los malos modales de quien consideraba un buen empleado, al final lo puso a trabajar con un asesor de ejecutivos en este tipo de temas. Ahora, dice el ejecutivo, “me levanto y me disculpo antes de decir algo realmente estúpido”.

Pese a todas estas medidas preventivas, puede que llegue a tropezar y caiga en su propia trampa, ofendiendo a uno de sus colegas. Ante el error irreparable, desvívase de disculpas. Un perdón tímido no suele ser suficiente.

Una consultora neoyorquina de gestión se recuperó con rapidez, y habilidad, de un “pecado verbal”. Cuando se quejó con un analista acerca de la estrategia para un nuevo cliente que consideró poco viable, el analista hizo que su crítica llegara hasta el presidente ejecutivo de la firma de la consultoría. La consultora se disculpó ante el jefe y ofreció su renuncia. Esta fue rechazada y ella recuperó su confianza.

Si usted suele meter la pata muy seguido con sus colegas, nadie va a querer trabajar con usted. “Eso es lo que me pasó a mi. Nadie me pasaba los mensajes de mis llamadas”, cuenta Kathy Fidali, una ejecutiva de rango medio en la energética PG&E. Pero en diciembre del año pasado, PG&E contrató a un asesor de ejecutivos para mejorar el estilo de Fidali.

Entre otras cosas, esta persona recreó en video su papel durante una pelea con otro gerente por un nuevo sistema informático. Fidali cuenta que se sintió impactada ante su propia arrogancia en el conflicto y ahora, reconoce su falta. “Si hubiera sido yo la persona al otro lado de la mesa, me hubiese levantado y salido de allí”, recuerda.

Luego de una semana de recibir consejos del asesor de ejecutivos, se encontró con la persona con la que había discutido e hicieron las pases, en parte gracias a que acogió las ideas de la otra persona acerca del nuevo sistema. “Sigo teniendo la adrenalina muy alta”, reconoce Fidali. “Pero mantengo la compostura”.

Y aunque admite que sus palabras pueden llegar a quemar los oídos de quien las escucha, dice que se ha recuperado, y que ahora ya no llega a los extremos.

(Publicado por el Diario El Comercio el 19 de Junio del 2,002)

 

 

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