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Palabras
claves: Etica Médica. Legislación en Salud. El
Dr. Jorge Ugarteche Lens es médico con formación de postgrado en Medicina
Interna y Salud Pública. Es consultor en Gerencia de Servicios de Salud. Trabajó
en Public Health Foundation (EE.UU.) y para diversas organizaciones bolivianas
de salud financiadas con recursos de USAID y Naciones Unidas. Es docente de pre
y postgrado de varias universidades bolivianas y se desempeña desde 1991 como
Coordinador Académico, de Investigación y Asistencia Técnica de la Organización
Iberoamericana de Seguridad Social – OISS y Gerente General de Médicos de
Cabecera SRL. La
ley -
sistema de principios y reglas de conducta humana prescritas por una
instancia de poder del Estado -
es capaz de establecer la diferencia entre lo correcto e incorrecto desde
una perspectiva formal y objetiva; por lo tanto, permite separar claramente el
comportamiento aceptable del inaceptable basándose generalmente en principios
morales de aplicación universal. La
ética, al estar basada en estándares de conducta y juicio moral (código
moral) relacionados con múltiples factores sociológicos, políticos,
culturales, etc., posee aspectos
menos objetivos que la ley pero de igual o mayor valor que ésta. En apariencia, todo lo legal tendría también que ser ético,
y viceversa. Sin embargo esto no
ocurre en la práctica. Veamos por
qué. La
ley es un parámetro mínimo que determina el funcionamiento
“convencionalmente aceptable” de la vida en sociedad, sea éste positivo o
negativo. Por ejemplo, entendemos
claramente que malversar recursos públicos, es ilegal.
Sin embargo, encontrar justificación para dicha malversación amparándose
en ciertas argucias legales -
como vemos cada vez con mayor frecuencia en nuestras sociedades-
, no necesariamente puede ser ético aunque sí “para-legal”, por
ponerle un nombre. Por
otra parte, no necesariamente un acto ético es siempre legal.
Veamos la razón de esto con otro ejemplo.
Aunque no es ético que un arbitro "obsequie" un partido de fútbol,
esto puede ser considerado como un acto legal, de acuerdo a ciertas reglas de
una federación deportiva. Si un
jugador, en cambio, agrede a un arbitro por tal motivo, esto no solo no es ético,
sino que tampoco es legal para la misma institución deportiva u otra. El
confuso análisis precedente, nos deja sin embargo una clara conclusión:
nuestros sistemas legales son imperfectos,
toda vez que nos alejamos cada vez más de lo ético en la elaboración y,
ciertamente, en la interpretación de las normas legales.
Al parecer, se trata de una tendencia mundial, surgida a partir del
agotamiento de ciertos paradigmas morales, como la cultura y tradición
familiar, en apariencia cada vez más laxas y menos fuertes; por lo tanto, más
vulnerables a influencias pseudo-éticas o para-legales, que sensiblemente
continuarán minando nuestra credibilidad en la existencia de un sistema legal sólido
y justo. Ante
la inminencia de una acentuación de este tipo de problemas en el futuro
inmediato, -
especialmente ante un modelo económico mundial inequitativo e injusto-
, pareciera razonable
que quienes se encuentran en la posibilidad de hacerlo (Parlamentarios,
Gobierno, funcionarios públicos y privados con responsabilidades ejecutivas,
entre otros) tomen en consideración esta tendencia para ofrecer a la sociedad
alternativas que motiven la búsqueda de conductas morales propias y ajenas en
todos los campos de la actividad, a partir de esfuerzos verdaderos y genuinos
para preservar a la sociedad y sus
instituciones de las inevitables e indeseables consecuencias. Confiamos, por tanto, que un reforzamiento de los principios éticos y morales que rigen nuestra sociedad, a partir de estrategias oportunas y apropiadas, posibilitaría encontrar una solución a un problema que va creciendo en proporciones epidémicas. De lo contrario, tendría que hacérselo a partir de un endurecimiento de las normas legales de tipo restrictivo y coercitivo; solución, por cierto, menos atractiva para la colectividad.
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