|
|
|
|
Autor:
Dr. Andrés
Felipe Cubillos Novella[1] En
el estudio “Finanzas
Públicas, Niñez y Juventud”, Alfredo Sarmiento y Jorge Iván González
concluyen que: ·
“
En contra de lo que sería deseable el gasto en niñez y juventud es procíclico,
así que cuando a la economía le va mal, a los niños y a los jóvenes les va
peor”. Y que, ·
“
En situaciones de crisis los grupos vulnerables, como los niños y los jóvenes
pobres están especialmente desprotegidos. Y
esta afirmación es más evidente cuando se constata que el gasto en
infancia y juventud es procíclico”. Analizar
las anteriores conclusiones requiere una mirada - frente a la niñez y la
juventud- acerca los dos pilares sobre los que se fundamentan las
determinaciones económicas y políticas; por una parte los enfoques
desde la teoría económica
y por otra, desde la política pública. Con
respecto al aspecto teórico “no
se ha desarrollado una teoría económica de la infancia porque se concibe a los
niños como agentes económicos imperfectos”[2]
y dado que “los jóvenes son
vistos como una esperanza bajo
sospecha - prueba de ello es la discriminación que sufren a todos los niveles,
sin que ello se perciba como un problema.[3]-,
“tampoco hay un análisis económico de la juventud porque el
comportamiento de los jóvenes, especialmente cuando disponen de un cierto monto
de recursos, puede asimilarse al de los adultos”[4],
y en cuanto al desarrollo de política pública, “la aproximación suele
hacerse desde la perspectiva sectorial, en la que se destacan por su importancia
las áreas de la educación y de la salud.”[5] El
anterior panorama de la niñez y la
juventud, enmarcado en las estrategias de desarrollo
vigentes impulsadas por el denominado “Consenso de Washington”, en
donde Colombia al igual que los demás países de América latina y el caribe,
han centrado la política económica principalmente
en asuntos de disciplina fiscal, liberalización de la política comercial y del
régimen de inversiones, desregulación de los mercados internos y privatización
de empresas públicas ; ha conducido a que prime tanto una
política social, como unas políticas públicas “incrementalistas” –más de lo mismo, con pequeñas
variantes de diverso signo- y no “racionalistas” - cambios radicales, si
ello es necesario, más allá de la actitud de los actores implicados-.[6] Cabe
anotar que dicha política ha tenido un efecto significativo sobre la
volatilidad en los países, y tal como afirma Guillermo Perry
“la volatilidad está clara y negativamente correlacionada con los
niveles de inversión, que concentra la inversión en proyectos de corto plazo
de una manera sub-óptima; así como la pérdida de capital humano que ocurre durante
profundas recesiones, tienen efectos negativos de largo plazo sobre la economía.[7]
Pero más preocupante aún, es que
este comportamiento golpea principal y profundamente a la población pobre y
vulnerable -consecuentemente a niños, jóvenes- del país, ya que son los que
poseen menor capital humano y activos para enfrentar la recesión
económica que golpea el mercado laboral, y por esta razón se acentúan
las consecuencias de dicho comportamiento macroeconómico, ante la flexibilización
y precarización del mismo. Es
importante resaltar que “ante la caída de sus ingresos, pueden existir pérdidas
irreversibles en nutrición y niveles educacionales ante la ausencia de
apropiadas redes de seguridad social” Luego, como bien lo plantea Perry, “no
debiese sorprendernos, entonces, encontrar un comportamiento asimétrico de la
pobreza durante las crisis profundas: la pobreza aumenta marcadamente durante
recesiones profundas, pero no regresa a sus niveles pre recesión una vez que la
economía se recupera”[8]. Como
bien se deduce del estudio de Sarmiento y Sánchez,”en contra de lo que sería
deseable el gasto en niñez y juventud es procíclico, así que cuando a la
economía le va mal, a los niños y a los jóvenes les va peor”, puesto que
durante los períodos de recesión, los más pobres soportan pérdidas tanto de
sus ingresos como de los subsidios, por que además de la focalización de las
políticas sectoriales, los recursos con los Sin
embargo, dado que la política económica
debe estar al servicio del bienestar de la población, y que “ el criterio final para evaluar la justeza de
las políticas públicas y de las medidas tomadas en los frentes monetario y
fiscal, debe ser el mejoramiento de la calidad de vida”[9];
es necesario implantar una política fiscal contracíclica para enfrentar así
las condiciones adversas de la población pobre y vulnerable, dado que, como
afirman Sarmiento y Sánchez, “en
situaciones de crisis los grupos vulnerables, como los niños y los jóvenes
pobres están especialmente desprotegidos. Y
esta afirmación es más evidente cuando se constata que el gasto en
infancia y juventud es procíclico.” El
anterior planteamiento sería el procedimiento ideal, permitiéndole a
la población tanto inclusión como
equidad, para lograr de esta manera hacer viable una sociedad democrática
y participativa, cuya guía debería ser la Constitución de 1991, a través de
la cuál se reconoce a Colombia como “un
Estado Social de Derecho”; pero la realidad es bien diferente, y como plantea
el Informe de la Contraloría “las condiciones internacionales, que se
manifiestan en los acuerdos que ha firmado el país con el Fondo Monetario
Internacional (FMI), han impedido la utilización de un margen de la política
fiscal para jugar un papel anticíclico, cuyo objetivo sería la atención a la
justicia distributiva”.[10] Entonces,
es claro que “el gasto público
tiene efectos multiplicadores si contribuye a la generación de Por
otra parte, lo más relevante, es la mirada
como inversión que desde el
desarrollo humano debería Lo
que se observa, al seguir diferentes estudios sobre niñez y juventud en
Colombia –entre otros el de Sarmiento y González-, es que tanto la niñez
como la juventud enfrentan situaciones complejas que impiden su desarrollo desde
una perspectiva de los derechos y del desarrollo humano sustentable. Lo
anterior entonces, abre como base el siguiente cuestionamiento ¿cuál es la
situación actual de la infancia El
estudio muestra, que cerca de la mitad de los niños, niñas y jóvenes, están
por debajo del nivel de pobreza y que para
ellos y ellas la carga de enfermedad y muerte es muy grande - especialmente en
los sectores más vulnerables-, negándoles de esta manera
la posibilidad de crecer y desarrollarse
en condiciones de salubridad, buena nutrición, afecto, condiciones de vida y
ambientales adecuadas; adicionalmente, la anterior
situación se agudiza, debido a la asociación existente entre el hambre
y problemas tales
como: el bajo rendimiento escolar y el bajo peso al nacer de las futuras
generaciones. De
igual manera, resaltan que el gasto en educación es el gasto directo más
importante que se hace en la niñez y juventud por parte del gobierno nacional,
y que mientras este no tenga un crecimiento real constante es
difícil que los gastos destinados a niñez y juventud tengan permanencia a lo
largo de varios periodos. Entonces,
es claro que la obligación que tienen el Estado, la familia y la sociedad de darles un
tratamiento particular durante el periodo de la vida en que trascurre su
desarrollo como personas y su formación antes de integrarse a la sociedad de
adultos, asegurándoles las condiciones necesarias para el pleno ejercicio de
sus derechos, no se está cumpliendo; lo cual, tal como lo plantea la
investigación, revela la
fragilidad de los instrumentos legales y de las acciones de la política pública
para generar cambios significativos en las formas de relación de la sociedad
entre los adultos con los niños, niñas y jóvenes; y en su reconocimiento como
sujeto de derechos. [1] Odontólogo, Especialista en Administración de Salud, Estudiante del tercer semestre de la Maestría en Política Social Pontificia Universidad Javeriana. Investigador en temas de Calidad en Salud y Políticas de Salud y Seguridad Social. [2]
Sarmiento, Alfredo; González, Jorge Iván: Finanzas públicas, niñez
y juventud Programa Nacional de Desarrollo Humano (PDH). Bogotá. 2003. Pág.
2 [3] Rodríguez, Ernesto. Políticas Públicas de Juventud y Reforma del Estado: Un Vínculo a Construir. Texto presentado en el V Congreso Internacional del CLAD sobre Reforma del Estado y de la Administración Pública. Santo Domingo.Octubre 20 de 2000 [4]
Sarmiento, Alfredo; González, Jorge Iván: Finanzas públicas, niñez
y juventud Programa Nacional de Desarrollo Humano (PDH). Bogotá. 2003. Pág.
3 [5] Ibid. Pág.3 [6] Rodríguez, Ernesto. Políticas Públicas de Juventud y Reforma del Estado: Un Vínculo a Construir. Texto presentado en el V Congreso Internacional del CLAD sobre Reforma del Estado y de la Administración Pública. Santo Domingo.Octubre 20 de 2000 [7] Perry Guillermo. Reglas Fiscales y Volatilidad Macroeconómica en América Latina. Informe Nº 211. 23 de abril de 2002 [8] Ibid. [9]
Informe de Coyuntura Contraloría General de la República. Bogotá, 2003 [10]
Informe de Coyuntura Contraloría General de la República. Bogotá, 2003 [11]
Rodríguez, Ernesto. Políticas Públicas de Juventud y Reforma del Estado:
Un Vínculo a Construir. [12]
Situación actual y prospectiva de la niñez y la juventud en Colombia. [13] “A comienzos de los años noventa se estimaba en 19.9 millones de personas que representaban el 56.9% de la población colombiana, para el 2003 se estima en 22.4 millones y 50.3% de la población, así mismo se proyecta que en el 2015 habrían 23.8 millones que representarían el 44.7% de los colombianos”Ibid. Pág..6
|
|