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REFLEXIONES SOBRE EL TALENTO FEMENINO 
EN LA DIRECCIÓN Y LA CIENCIA 

PALABRAS CLAVES: TALENTO, GÉNERO, DIRECCION. TALENTO FEMENINO

Resumen

Es importante analizar la problemática de la relación entre el  género  y el talento para la dirección y la ciencia porque la mayor parte de los talentos en general, y en la ciencia en particular, han sido hombres y los conocimientos sobre 
el talento se han derivado del estudio de ellos. Aunque en la actualidad hay más mujeres que antes dedicadas a la dirección y la ciencia, los hombres ocupan una posición dominante entre los premiados durante el siglo pasado. Las mujeres tienen que vencer muchos obstáculos para desarrollar su talento tanto en la dirección como en la ciencia. El artículo analiza cómo se ha comportado esta relación en diferentes momentos de la historia de la humanidad y  en diferentes culturas.

Palabras claves: talento, género, dirección

 

It is important to analyze the problematic of relationship between and talent for management and science because de big parts of talent have been men. Besides, knowledge about talent had been derived of study to him. Today there are more women working in management and sciences jobs, but they has confront very difficulty for developing their talent.  In the article, it are analysed how developed this relationship in different moments of humanity history and in different culture too.

Key words: talent, management

 

Datos del autor:

Raquel Lorenzo García

Gerente de proyectos

Empresa Consultora de Gestión del Conocimiento y la Tecnología (GECYT) Calle 10 No. 254 entre 11 y l3. Vedado. CP 10 400. Ciudad Habana. Cuba. Teléfono (537) 831 54 37,  (537) 202 79 20  Fax: (537) 204 96 64. raquel@gecyt.cu

 

Síntesis del currículum del autor

Doctora en Ciencia Pedagógicas, master en psicopedagogía y licenciada en educación. Miembro de la Organización Mundial de Mujeres de Ciencia del Tercer Mundo. Ha impartido 75 cursos de postgrado, sobre el tema del talento y la creatividad, a profesores y directivos de diferentes países. Ha asesorado la implementación de programas de atención a escolares talentosos en centros educativos del Perú. Ha publicado 25 artículos, acerca de los temas citados, en revistas cubanas, españolas, mexicanas, venezolanas, brasileñas,  argentinas,  peruanas y de la UNESCO. Ha presentado ponencias en 47 eventos científicos. De ellos, 22 nacionales y 25 internacionales, celebrados en Cuba, Brasil, Perú, Portugal, Estados Unidos, México y Venezuela. Ha dirigido 26 proyectos de consultoría sobre desarrollo organizacional y capital humano. Es profesora adjunta de varias universidades cubanas.

Sin perseguir ningún propósito feminista, es importante analizar la problemática de la relación entre el  género  y el talento porque, entre otros aspectos, la mayor parte de los talentos en general, y en la dirección y la ciencia en particular, han sido hombres y los conocimientos sobre el talento se han derivado del estudio de ellos.

     En trabajos anteriores (Lorenzo y Martínez, 1997 y 1996), al analizar lo referido a la influencia del sexo en el desarrollo del talento planteamos que  la pertenencia a un grupo sexual influye en el desarrollo del talento, sobre todo en 
la infancia para los varones, porque está asociado con los prejuicios sociales existentes sobre las diferencias entre la crianza de ambos sexos. A las niñas, por 
lo general, se les orienta más que a los varones y los padres tienen mayor control sobre sus actividades. Se les exige más por el cumplimiento de las tareas escolares y por el mantenimiento de los cuadernos, por citar algunos ejemplos (Domínguez, 1993; Labarrere, 1981; Lorenzo y Martínez, 1997). Por esto, entre otras
cuestiones, en su mayoría tienen mejores resultados docentes que los varones en los diferentes niveles de enseñanza.

     Estas condiciones de partida favorables que tienen las féminas al inicio de sus vidas las pierden después debido a los factores culturales impuestos o autoimpuestos, tales como: la doble función de la mujer, la religión, los prejuicios 
y los estereotipos. Por  ello, los hombres se destacan más en el terreno profesional que las mujeres, en líneas generales.

     Aunque con respecto a los siglos pasados, la posición de la mujer en la sociedad ha tenido cambios sin precedentes en la historia, la plena igualdad de la mujer ha quedado, en gran medida, en el discurso y se ve obligada a combinar el cuidado de los hijos y las tareas domésticas con  la superación o con  el trabajo fuera del hogar. Esto repercute en que su progreso profesional como sexo sea bastante lento.

  La religión, por su parte, ha alentado a las mujeres desde pequeñas a dedicarse a las "funciones propias de su sexo". Como ejemplos de prejuicios y estereotipos, que afectan el desarrollo femenino, en general, se puede apreciar  que el acceso a los diferentes niveles de enseñanza y, sobre todo, a las carreras 
de ciencias ha estado deliberadamente res­tringido, y se encasillan las mujeres 
en determinadas profesiones.

     Sin embargo, esto no siempre fue así en la historia porque en la edad media las mujeres tenían más cultura que los caballeros feudales. Con el paso del tiempo, se le ha cerrado el camino a la mujer para el desempeño profesional, lo que indica que las diferencias intelectuales entre los sexos son de origen social, en lo fundamental, porque están relacionadas con el ambiente y con la cultura.

     No obstante, en diversas investigaciones, se observan dife­rencias entre 
los sexos -a favor de las hembras- en cuanto al rendimiento en las situaciones académicas típicas, en la memoria visual, en la velocidad perceptiva, en la velocidad del procesa­miento de la información, y en la creatividad verbal,  
además de destacarse más en las humanidades (Anastasi, 1964; Alvarez del Villar, 1965; Labarrere, 1981; Heller, 1990)

          A pesar de todo lo planteado, se aprecia que en el florecimiento de los estudios sobre la mujer, que se ha producido en las últimas décadas, existen pocas investigaciones sobre el talento femenino, y menos aún acerca del talento femenino en ciencia y la dirección. Por ello, son de gran interés  las investigaciones compiladas por Karen D. Arnold, Kathleen D. Noble y Rena F. Subontnik en su libro "Mujeres memorables: perspectivas sobre el desarrollo del talento femenino" (1996).

     En general, ellas exponen que el trabajo científico y la dirección son campos dominados, tradicionalmente, por hombres y resulta poco atractivo para las mujeres desde  mucho tiempo antes de concluir los estudios preuniversitarios.

     La realización del alto potencial ha sido siempre una tarea ardua para las mujeres muy capaces. Ellas son especialmente vulnerables en cuanto al hecho de no recibir aceptación social por parte de los padres, de los amigos y de los profesores. En opinión de las autoras citadas, reciben un trágico mensaje implícito de que la sociedad no necesita o no desea sus dotes y sus habilidades.

     La época histórica, la edad, la etnicidad,  la clase social, la localización geográfica y el móvil de la tarea son factores que influyen en las oportunidades 
que tienen, en lo que pueden aspirar a hacer las mujeres con potencialidades para ser brillantes en la ciencia. Estas características también determinan el tipo de experiencias que pueden encontrar en su educación y en sus carreras. Estas cuestiones unidas a la orientación sexual, a la religiosidad y al patrón de autopercepción inciden en el desarrollo de las mujeres talentosas adultas. También la posición socioeconómica influye en el logro que puedan alcanzar porque este es un aspecto que se le puede agregar a las dificultades de género (Arnold, Noble y Subontnik, 1996).

     El papel que debe desempeñar la mujer contemporánea afecta las realizaciones y los logros a que pueden aspirar en sus vidas. En ello, se destaca 
la contradicción entre el compromiso profesional y familiar. Por esto, existe un amplio número de mujeres científicas que permanecen solas, se casan tarde o deciden no tener hijos, lo cual  indica  cómo puede ser extremadamente difícil la dedicación a la ciencia para el sexo femenino (Arnold, Noble y Subontnik, 1996).

     En el modelo prevaleciente en las empresas, en general, y las  de ciencia 
en particular ç, el establecimiento de la carrera se produce en la segunda mitad 
de los veinte años y al inicio de los treinta años, después de un entrenamiento prolongado. Esta secuencia profesional está en conflicto con el papel social de la mujer porque en esos años, ella debe dedicar considerable tiempo a las relaciones familiares. Es el período en que, por lo general, nacen los hijos y demandan de la atención de la madre en la lactancia y de su cuidado durante la edad preescolar. Esto coincide con el período de más demanda de publicaciones y de la consolidación del esfuerzo inicial realizado (Arnold, Noble y Subontnik, 1996).

     Muchas mujeres optan por reducir sus horas de trabajo o se ven forzadas 
a interrumpir su labor por las responsabilidades familiares. Las que sienten ambivalencia entre su papel de madre y su carrera presentan dilemas internos. 
Por otra parte, las mujeres que deciden entregarse por completo a la producción creativa en ciencia afrontan la desaprobación social por su papel atípico (Arnold, Noble y Subontnik, 1996).

     En la sociedad contemporánea, las mujeres excepcionalmente capaces experimentan un stress considerable debido al conflicto de roles y a la sobrecarga de trabajo. Las mujeres profesionales indican que en ellas prevalece la contradicción entre la devoción característica de los investigadores eminentes y 
el deseo de balancear la familia y la carrera (Arnold, Noble y Subontnik, 1996).

     En cuanto a la interacción entre la carrera y la familia, algunas mujeres hacen la selección profesional para mantenerse geográficamente cercanas a sus padres u otros familiares, dejan buenas oportunidades de trabajar en prestigiosas instituciones para retornar a las ciudades donde viven los padres pues, como se apuntó antes, la localización geográfica puede ser una desventaja profesional. 
Otro grupo reconoce la dificultad de balancear la familia con las demandas de las carreras de ciencia porque parecen incompatibles (Subontnik y Arnold, 1996).

     La solución al dilema de roles en la vida tiene diferentes matices, sobre 
todo entre las que optan por vivir acompañadas: unas subordinan su carrera a la familia, otras buscan compañeros que vean la carrera de ellas como lo primario. 
Las que se casan con otros científicos, por lo general, acomodan su vida profesional a la de los esposos. Otras deciden maximizar su potencial profesional sacrificando las relaciones (Subontnik y Arnold, 1996).

     Es una genuina dificultad combinar adecuadamente las responsabilidades familiares con la carrera profesional y constituir una familia es la preocupación central de la mayoría de las mujeres jóvenes que se dedican a la ciencia.

     Por otra parte, se plantea que el contexto social de la ciencia no favorece 
a las mujeres porque es un campo dominado  por los hombres. La naturaleza del descubrimiento científico demanda del investigador una devoción grande que consume casi todo su tiempo, y ese es del que no disponen las mujeres que tienen obligaciones familiares. Existe un mercado del trabajo desfavorable donde, en muchas ocasiones, las mujeres tienen que dedicarse a las investigaciones disponibles y dejar su propia línea de trabajo (Subontnik y Arnold, 1996).

     Las posiciones cumbres en la ciencia no solamente son escasas sino que 
el clima de la investigación es extremadamente competitivo y necesita de mucho tiempo y entrega y, en el caso de las mujeres, muchas veces no las vuelven a aceptar después de estar fuera durante el tiempo de la maternidad. Además, es un terreno que cambia muy rápido y estar alejado por un tiempo de él puede afectar el desempeño profesional (Subontnik y Arnold, 1996).

     Los valores que subyacen en la toma de decisiones sobre las carreras que inciden en la felicidad personal, en la muestra estudiada por las autoras citadas, son: el amor a la ciencia, el reconocimiento de poseer una habilidad intelectual que le permite hacer contribuciones al dominio, la oportunidad de servir a la humanidad y crear algo útil y el deseo de tener una vida profesional y emocional balanceada (Subontnik y Arnold, 1996)..

     Las que abandonaron  el camino de la ciencia fue debido a que el entrenamiento preparatorio les resultó demasiado fuerte y demandaba mucho compromiso. Ello ocurrió en su mayoría entre las que trabajaban en las ciencias básicas, donde los premios no son una garantía que sirva de motivo exterior para persistir, lo cual las diferencia de las ciencias aplicadas donde hay más reconocimiento y otras formas de motivación extrínsecas. Ellas en el preuniversitario recibieron la admiración pública y el estímulo de los profesores, pero al graduarse se encontraron con la pobreza académica del mercado del trabajo, donde las jóvenes mujeres científicas tienen menos posibilidades que los hombres para encontrar empleo y modelos de vida profesional y personal que les sirvan de ejemplo a seguir (Subontnik y Arnold, 1996).

     También otros estudios como el de las autoras Reis, Callahan y Goldsmith (1996) muestran que, desde la adolescencia, los varones son más estimulados a persistir en las carreras que las niñas. Ellos tienen una confianza clara en su futuro y sus metas profesionales, pero también tienen la percepción de que  sus esposas deberán estar en el hogar con sus niños, lo cual les restará tiempo a sus carreras.

     Un alto porciento de las muchachas están interesadas en llegar a ser científicas, y las autoras de la investigación citada, se preguntan cómo podrán llegar a realizar sus sueños con la manera de pensar de sus futuros compañeros  (Reis, Callahan y Goldsmith, 1996).

     Las mujeres investigadoras que han alcanzado el éxito conocen e integran 
el sistema de valores que proviene de las generaciones de científicos hombres y hacen su vida de realizaciones y recompensas como los científicos profesionales hombres, en su mayoría  (Reis, Callahan y Goldsmith, 1996).

 Otros estudios de Sally M. Reis sobre las mujeres que han recibido el Premio Nóbel en la ciencia ponen de manifiesto una serie de rasgos comunes entre los cuales se encuentran que: adoraban la ciencia, tenían padres empáticos que influyeron positivamente en ellas, tenían fuertes valores religiosos, buena suerte 
y un hombre tolerante en sus vidas (Reis, 1995).

   La preocupación por el desarrollo de las mujeres talentosas en la ciencia es 
el móvil de un Proyecto de la Fundación Nacional de Ciencia (TERGETS/GEMS) que dirige Bárbara Kerr, otra de las autoras líderes de opinión en el área del talento. El objetivo de este programa es alimentar el talento específico de las muchachas adolescentes en riesgo, mediante la creación de oportunidades equitativas para las niñas. La fundación identificó un grupo de niñas con estas características y desarrolla una estrategia que ayuda a superar los obstáculos sociales y psicológicos para lograr el éxito y alcanzar sus ideales (Kerr, 1998).

También el investigador Kurt Heller (1995) se ha preocupado por el género en la ciencia. Según sus investigaciones,  las mayores diferencias se aprecian en las llamadas ciencias “duras” o “difíciles” como la Física, la Astronomía, la Matemática 
y la Ingeniería. Él concuerda con el criterio de que las diferencias no radican en las capacidades sino en la motivación y en razones de tipo sociocultural. Opina que es preciso combinar la atribución causal individual ante el éxito y el fracaso. Ha recopilado evidencias donde se aprecian diferencias entre los sexos en la percepción de las dotes. Se aprecia que las niñas superdotadas son más parecidas a los varones en los intereses intelectuales, mientras que en  la conducta y en las reacciones emocionales son más parecidas a las otras niñas catalogadas como no superdotadas. En general, subestiman sus capacidades.

Otros autores que se han interesado por el problema del género son los chinos Shi Jiannong y Xu Fan (1997) quienes estudiaron a los Premios Nobel desde 1901 hasta 1992 y han analizado las diferencias de género entre los jóvenes científicos y entre los estudiantes que participan en las olimpiadas de Matemática. Física y Ciencias de la Información.

Estas investigaciones también contribuyen a sustentar que el “bajo” rendimiento de las mujeres de ciencia se debe a una situación desfavorable desde el punto de vista social más que a una supuesta inferioridad genética o innata para estas materias (Jiannong y Fan, 1997).

Aunque en la actualidad hay más mujeres que antes dedicadas a la ciencia, los hombres ocupan una posición dominante entre los premiados en este siglo. Las causas de este fenómeno se debe a la influencia de los estereotipos sobre los sexos. Así, por ejemplo, desde la infancia a los varones se les estimula a arriesgarse mientras que a las hembras se  les inculca que su lugar está en la casa, quietas y tranquilas. Esto ocurre tanto en la cultura occidental como en la oriental (Jiannong y Fan, 1997).

   En China, se dice que las mujeres deben seguir tres obediencias y tener cuatro virtudes. Las obediencias son: al padre antes de casarse, al marido durante el matrimonio y al hijo después de la muerte del esposo. Las cuatro virtudes son: la moralidad, las maneras modestas, el trabajo diligente y el lenguaje adecuado. En general la mujer debe anhelar ser pura y es una virtud para ellas haber recibido poca instrucción. Existe un proverbio que dice que ser humano es difícil y ser mujer lo es más aún. Por otro lado, la mayoría de las jóvenes excelentes en las escuelas y en las universidades devienen en amas de casa típicas con el paso del tiempo (Jiannong y Fan, 1997).

En cambio, los hombres según las creencias de las personas,  deben aprender mucho y ser buenos en general. Entre las expectativas de los padres hacia los varones se encuentran que desean que sus hijos sean científicos o empresarios. Tanto los hombres como las mujeres concuerdan en que el papel  ideal del hombre está formado por la devoción al trabajo, la alta educación, abundantes conocimientos, independencia, capacidad de liderazgo, audacia y valentía (Jiannong y Fan, 1997).

En cambio, los padres esperan que sus hijas sean buenas maestras, escritoras, bailarinas o cantantes. El ideal de mujer señala que debe ser bonita, fina, dócil, tranquila, considerada con los demás y devota al trabajo. Los autores de esta investigación aprecian que la percepción que  tienen los hombres del papel ideal de la mujer es más femenino que la percepción del ideal que ellas tienen sobre sí mismas (Jiannong y Fan, 1997).

Estos estereotipos provocan conflictos psicológicos por las expectativas sociales sobre el papel de los sexos y afectan el desempeño de las mujeres en la ciencia.

La problemática del género en la ciencia atrae a los especialistas de diferentes disciplinas y existe una organización denominada Asociación de Género en Ciencia y Tecnología (Jenkins, 1997), la cual promueve la participación de los profesores de ciencias porque ellos juegan un papel fundamental (recuérdese lo plantado sobre los guardabarreras del campo en la teoría de Csikszentmihalyi). En cuanto a la propuesta de estrategias para amortiguar el desbalance de los sexos en esta área, Jenkins (1997) señala que no se deben hacer generalizaciones apresuradas porque existen diferentes ciencias y muchas tecnologías distintas. Además, una estrategia válida para una cultura puede ser inadecuada para otra debido a que existe mucha heterogeneidad cultural, incluso dentro de un mismo país.

Los estudios que ellos han realizado muestran algunas generalizaciones, aunque aún sin carácter definitivo, donde se aprecia que los muchachos tienen mayor interés por las dimensiones sociales, culturales y éticas de la ciencia y la tecnología; le atribuyen mayor importancia al trabajo colectivo mediante debates que a la competencia y al individualismo. Un factor que puede afectar es que existen diferencias importantes en las respuestas al lenguaje científico técnico como por ejemplo “ejecutar”, “matar”, “abortar”, entre otras (Jenkins, 1997).

Este autor señala que hay que ser cuidadosos para llevar a cabo políticas de cambio aunque hay algunas cuestiones que pueden ser generales como:

· emplear profesores de ciencia que sirvan de modelo

· sensibilizar al personal docente con las cuestiones de género

· suprimir de los libros y otros materiales docentes prejuicios basados en el   sexo

· destacar el papel de científicas reconocidas

· dar a conocer las posibilidades que ofrecen las carreras científico   tecnológicas

En esta misma línea se encuentra el Proyecto Especial de la UNESCO “La enseñanza científica, técnica y profesional para niñas en Africa”, como parte de la preocupación por el progreso de los países subdesarrollados. En él, participan científicos de diversos países y se hace hincapié en que participen investigadores del tercer mundo, sobre todo mujeres (Barthes, 1998).

Por todas las cuestiones analizadas hasta aquí, la atención especial a las niñas y las jóvenes con inclinaciones hacia la ciencia es un aspecto a tener presente en los programas de estimulación del desarrollo del talento para esta área, tanto en las instituciones educativas como en los centros de investigación donde estudien y laboren y para que no tenga lugar la conocida frase que dice que “detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer”. Este es un tema de especial interés para profundizar en su estudio porque en Cuba más del 50 % de los científicos son mujeres, lo cual corrobora el condicionamiento social de su desarrollo.

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