PALABRAS CLAVES:
PERSONAL SALUD. GERENCIA SALUD. EJECUTIVOS EMPRESA.
Autor:
Manuel Alcázar
PAD
Universidad de Piura
El
declive de muchas empresas empieza con la renuncia voluntaria de personas
clave, antes quizá que las cifras. A pesar de la falta de empleo, me consta
que eso está sucediendo en una cuantas empresas con las que he tomado
contacto estas últimas semanas. Ya se sabe, los buenos profesionales
encuentran empleo y, a veces, sin siquiera buscarlo.
¿
Qué hacer ? Pues, primero, no equivocar el diagnóstico. Descubrir las causas
no es fácil, especialmente si no se dispone de una comprensión completa del
comportamiento humano. “Tal persona se ha ido por que le pagan más”
… “por que le han hecho una oferta mejor”, son ejemplos de diagnósticos
que pueden ser falsos pues agregan asuntos heterogéneos y que requieren
tratamientos diversos.
Hay
que distinguir el detonante de fondo. Podría ser una alternativa presentada,
pero la causa de fondo habitualmente es otra y si no hay dinamita el detonante
poco importa.
Una
manera de averiguar qué ocurre son las entrevistas de salida. Conversar
personalmente, con calma, con quienes salieron semanas después de que hayan
abandonado la empresa. Hay que hacerlo, por que pueden darnos muchas pistas
para diagnosticar más certero.
Pero
no las hará quien no quiera saber o quien piense que ya sabe lo que pasa. Y
tampoco las hará bien, quien no tenga un guión adecuado para obtener
información relevante de dichas entrevistas. Una resonancia magnética dice
mucho, pero solo a quien sabe leer en ella.
Hay
que darse cuenta que las personas actuamos para satisfacer tres tipos
diferentes – aunque relacionados – de necesidades ( materiales,
cognoscitivas y afectivas) que determinan la naturaleza del vínculo que una
persona establece con la organización (distinto para cada persona). Cuando el
vínculo se debilita, aumenta la motivación de irse, pero la causa de la
salida – insisto – no es la oferta recibida (esta es solo el detonante).
El
vínculo con una empresa tiene tres dimensiones: vínculo por interés, es
decir qué se obtiene de al empresa (dinero, estatus, etc.), comparado con lo
que exige aportar (esfuerzo, horas, viajes, etc.); afición, lo que se puede
aprender en esa empresa; y vínculo por lealtad, identificación, el
sentirse útil a otros (clientes, colegas, etc.) con lo que uno hace, la
satisfacción afectiva por ser tenido en cuenta como persona (al margen de lo
que uno aporte o no a la empresa).
Cuando
hay mal ambiente, uno no se fía de sus jefes o colegas, no se suele estar de
acuerdo con los modos de sacar adelante la eficacia, no siente que aporta nada
relevante, no encuentra eco a las sugerencias o iniciativas, siente que poco más
puede aprender, cae en la rutina, se siente explotado, y un largo etcétera,
uno está cada vez más motivado a largarse. No lo dice, pero la motivación a
permanecer disminuye y es mayor la motivación para irse. Llegado un momento,
aparece el detonante y explota.
El
que se va sospecha que los jefes dirán: “ Bueno, se fue por más plata ”
y uno sabe que no es verdad, pero no pierde el tiempo en dar explicaciones a
quien no quiere escucharlas o no puede entenderlas: “Allá ellos, yo ya hice
lo que pude”.
A
veces, la contraoferta económica logra retener a una persona. Pero la causa
de fondo sigue presente, entre otras cosas, porque ni siquiera ha sido
identificada. Una cárcel aunque sea de oro, es una cárcel. Y eso son muchas
empresas, que se consideran buenas empresas. Pero como a nadie le gusta la cárcel,
no es extraño encontrase con gente que
se va, incluso – conozco casos – ganando menos.
Quien
no lo crea posible, revise sus modelos mentales. Un monitor de TV en blanco y
negro no permite ver el arco iris tal como es.
Diario
El Comercio 11 de Abril del 2,003