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PALABRAS CLAVES: LIDERAZGO. ESTILOS LIDERAZGO. GESTIÓN SALUD. INSPIRAR. MANDAR. Autora:
Carol Hymowitz Redactora
de The Wall Street Journal Para
un ejecutivo, es sumamente difícil discernir cuán eficaz es su liderazgo. Es
más probable que, al calificarlos, sus jefes analicen su capacidad para
alcanzar metas de ganancia y otros objetivos cuantificables, en lugar de su
capacidad de desarrollar talento ajeno. Sus
empleados, temerosos de las represalias, no les van a decir cuántas veces han
aplastado sus iniciativas, si se comunican de manera poco adecuada, o si actúan
de forma intolerante. Pero
los jefes que no logran determinar cómo sus subordinados los perciben podrían
perder la oportunidad de convertirse en líderes inspiradores y volverse, a fin
de cuentas, un obstáculo para su propio éxito. “Es
muy raro encontrar un líder innato”, dice Gerald Chamales, fundador y
presidente del directorio de Rinotek Computer Products, fabricante de cartuchos
para impresoras con sede en Carson, California. Chamales
aprendió a aprovechar las pasiones y destrezas de sus empleados, y a sacar lo
mejor de cada uno, sólo después de que se percató de sus yerros como jefe. “Fue
un dolor emocional, y reconocer que
lo que hacía no funcionaba, me llevó a cambiar”, explica. Hace
veinte años, cuando fundó Rinotek en un apartamento que alquilaba en Venice
Beach, California, Chamales dice que estaba “totalmente verde” en términos
de gerencia y, por ende, cayó en un estilo dictatorial.
“Si un empleado llegaba a la oficina unos minutos tarde o no regresaba
a tiempo de un descanso, yo le negaba mi aprobación en el trabajo que estuviera
haciendo”, afirma. Se
creaban tensiones entre los dos, lo que, más adelante, provocaba que el
empleado fuera menos productivo. “Estaba propiciando la actitud opuesta a la
que quería”, reconoce. También
le daban rabietas, gritándole a los empleados que no seguían sus órdenes o
que no lograban cumplir con sus normas. Su estilo controlador resultó siendo
costoso. “Alejé y perdí a mucha gente buena”, se lamenta Chamales, de 50 años. Al
cabo de un tiempo, comenzó a preguntarse si él era la causa de la alta rotación
de personal en su compañía. Decidió intentar otras tácticas. En
lugar de exigir a los empleados que hicieran cosas de una forma en particular,
aprendió qué era lo que disfrutaban y a qué podían entregarse con
entusiasmo. “Empecé a darme cuenta de que ser un líder significa utilizar
las destrezas de la gente, en lugar de reprenderlos por sus debilidades" añade. También
observó que las diferencias entre sus empleados exigen diferentes estilos de
liderazgo. “Alguna
gente se siente motivada por los logros; a otros los motiva un poco de miedo; a
otros, el dinero; y a muchos, el reconocimiento”, explica. Hoy, Rinotek
reconoce a un empleado sobresaliente de cada departamento cada mes con un cheque
adicional y un certificado de buen rendimiento. Chamales
empezó a tomarse el tiempo de dar vueltas por la oficina, pidiendo a sus 200
empleados que le manifestaran sus impresiones. “He
hecho de todo en esta compañía, desde barrer los pisos hasta redactar
facturas, pero es importante tener humildad y darse cuenta de que la gente que
hace el trabajo es quien tiene las soluciones”, dice Chamales, quien ha visto
la rotación de personal disminuir drásticamente en los últimos años. Muchos
jefes no comprenden las consecuencias de tratar mal a sus empleados, no
reconociendo sus contribuciones, por ejemplo, o humillándolos frente a otros. “Se
salen con la suya con todo tipo de actos de descortesía y nunca reconocen cómo
su comportamiento afecta las ganancias”, advierte Kevin Schmidt, fundador y
director general de Envisionworks, una firma asesora de gerencia y de relaciones
laborales de Illinois. Envisionworks
ha compilado un Indice de Cortesía Organizativa para ayudar a las compañías a
identificar a los gerentes débiles o tiránicos. En
índice encuesta a los empleados sobre cómo se tratan unos a otros. Por
ejemplo, pregunta si los empleados son reprendidos cuando son “groseros o
irrespetuosos con otros empleados”, y acerca de si sus colegas “se gritan
entre ellos y obstaculizan el éxito de otros”, o si “halagan el trabajo de
otros”. La
mayoría de las compañías que salen mal calificadas en el índice de cortesía,
están encabezadas por ejecutivos severamente exigentes con sus empleados, y que
menosprecian a su personal en lugar de felicitarlo, asegura Schmidt. Sin
embargo, añade que aún no ha conocido a “un jefe monstruoso”. “Cuando
les digo: debe de ser sumamente difícil ser usted, porque la gente lo detesta,
a menudo se derrumban emocionalmente”, dice Schmidt. Lillian
King, consultora con Mercer Delta, en Nueva York, sostiene que los jefes pueden
aprender a no caer en conductas intimidantes. En
un previo empleo, cuenta, se fue de una reunión debido a la actitud de su jefe. “Empezó
a hablar pestes de otro empleado frente a mí. Le dije que ésta no era una
conversación que debía tener en presencia de otra persona y no volvió a
ocurrir”, señala.
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