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Catorce
millones de personas carecen de cobertura médica, mientras que el
aumento de la desocupación, la suba de las cuotas de las prepagas y
el fuerte salto en el precio de los medicamentos obligaron a los
argentinos a desembolsar durante el primer semestre de 2003 unos 650
millones de pesos más de su bolsillo que en el mismo período del año
anterior, para mantener servicios de salud incluso de menor calidad.
Los datos surgen de informes a debatirse en el Sexto Congreso
Argentino de Salud que se llevará a cabo entre el 28 y el 29 de
agosto próximo en la Academia Nacional de Medicina, organizado por
la Asociación Civil de Actividades Médicas Integradas (ACAMI).
Ante la debacle de las obras sociales, los hogares que pueden buscan
refugio en servicios asistenciales brindados por empresas de
medicina prepaga, con el consiguiente aumento en los gastos para
este rubro. A esto se suma que una cantidad considerable de
medicamentos fue excluido del vademécum de descuentos de las obras
sociales, pero algunos médicos los siguen recetando por
considerarlos insustituibles, lo que obliga al paciente a gastar más,
y encima sin descuento alguno.
Los precios de los medicamentos y de los servicios de salud subieron
durante el 2002 casi el 28 por ciento, según relevamientos del
Consejo Federal de Salud e informes privados.
De
acuerdo con trabajos preliminares, el 55 por ciento de los gastos de
salud no se cubre con el presupuesto público o con la Seguridad
Social (obras sociales nacionales, provinciales y PAMI), sino que
corresponde al gasto directo de las familias, mientras que hace tres
años esa proporción era del 46 por ciento. La Argentina fue
tradicionalmente un país con alto gasto en salud, aunque ahora es
muy difícil comparar con otras naciones porque la devaluación
distorsionó todas las variables y pasó de ser el país de mayor
gasto per cápita, a ubicarse casi en el último lugar en la región.
En
los últimos años, el gasto de los particulares rondó el 4 por
ciento del Producto Bruto y los hogares destinaron a esos servicios
el equivalente al 7 por ciento de sus ingresos. Sumado el aporte del
Estado y de la Seguridad Social, el gasto en salud llega a 25.000
millones de pesos. Una mayor cantidad de gente, que antes contaba
con obra social, tuvo que atenderse en el hospital público, y debió
afrontar el total de los gastos por medicamentos sin obtener los
descuentos que hacen las obras sociales.
Además,
según el titular de la ANSeS, Sergio Massa, el 33 por ciento de los
trabajadores en relación de dependencia están en negro, y carece
en consecuencia de cobertura sanitaria y previsional. Los datos
oficiales marcan que en 4 años se redujo del 50,3 al 46,7 por
ciento la población cubierta por las obras sociales nacionales,
provinciales y el PAMI, la obra social de los jubilados.
Para el superintendente de Servicios de Salud, Rubén Torres, que
expondrá en el congreso, "en los últimos años, la pérdida
de cobertura médica se dio más en los planes privados que en el
sistema de obras sociales nacionales que aun mantiene los niveles de
1996, con 11,5 millones de beneficiarios". Según Torres,
"en parte esto se debió al ingreso al sistema de los
monotributistas, que hoy alcanzan los 900.000. Además, unas 30.000
empleadas domésticas adhirieron al régimen especial que brindan
algunas obras sociales".
El aumento de las cuotas de las prepagas y, en muchos casos, la
reducción del porcentaje de descuento sobre los medicamentos,
incrementó el gasto de bolsillo de las familias de sus afiliados.
El medicamento es el bien de consumo familiar cuya financiación es
más regresiva, ya que representan el 78 % del gasto total en los
hogares más pobres y solo el 41 % en los hogares más ricos.
Como
signo de la crisis, durante el 2002 los hospitales porteños
recibieron 2.000 consultas externas más por día que el año
anterior, y algo similar ocurre en la mayoría de las provincias,
donde los servicios médicos gratuitos son cada vez más demandados
por una población más empobrecida. Las soluciones previstas,
tendientes a asegurar el Programama Médico Obligatorio (PMO), en
las que trabajan el ministro Ginés González García y los
ministros de salud de cada una de las provincias, se presentarán en
el VI Congreso y serán los ejes centrales del Plan Nacional de
Salud, que será entregado al presidente Néstor Kirchner en la
primera quincena de setiembre.
Sus
organizadores comentaron que "el Congreso que organiza ACAMI se
ha ido convirtiendo en un ámbito clásico de reunión que
anualmente convoca al debate amplio de los temas de salud.
Los
organizadores en estos seis años siempre hemos mantenido el espíritu
de convocar a todos los sectores en la búsqueda de consenso y
soluciones, promoviendo el más amplio marco de expresión. Las
personalidades de máximo nivel nacional e internacional que
sucesivamente han participado en los diferentes congresos han
contribuido con sus aportes a los que siempre se han sumado los
emergentes de los integrantes de nuestras organizaciones.
Hemos
buscado participar y contribuir en la búsqueda de soluciones para
los problemas de la salud en Argentina y nos hemos alejado de
actitudes retóricas proponiendo soluciones prácticas fundamentadas
en el trabajo profundo e idóneo.
Hemos
plasmado estas ideas en documentos que se han distribuido
ampliamente a todos los niveles.
La
duda que surge es ¿Todo este esfuerzo y estos conocimientos habrán
sido total o parcialmente utilizados?
Este
interrogante no ha de actuar como un factor desmoralizante sino por
el contrario será el incentivo para continuar. Es por ello, que
utilizaremos el primer segmento del VI Congreso para realizar una síntesis
de lo elaborado en los anteriores con sus conclusiones y sus logros
y el resto del mismo para calar profundo en temas que hemos
considerado de gran vigencia".
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