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 GERENCIA EN SALUD



LA RUTINA EMPRESARIAL ES FUNDAMENTAL


Palabra clave:
GERENCIA EN SALUD. ESTRUCTURA ORGANIZATIVA Y ESTRATEGIA”

Autor: Pablo Montalbetti
Escuela de Empresa UPC

 

Quizá el mejor empresario, gerente o directivo en genera es aquel que lleva una rutina empresarial. Como parte de ésta, aunque muchos lo duden, es proactivo e innovador. Está siempre actualizado, delega, forma y, por ende, es admirado por toda la organización. ¿Paradigma o contradicción?

Es normal escucha frase como “hay que salir de la rutina”, “ya es hora de que cambies”, “tienes que modernizarte”, “cambiar o morir”.

Sin embargo, quizás parte del problema de una organización es que las personas se salen mucho de la rutina.

Cada uno trata de buscar su propio modelo. Todos quieren ser diferentes y, como consecuencia de ello, probablemente lo que consigan es formar la torre de babel.

Por lo general, la palabra rutina se usa en forma negativa y esto no es nada nuevo; sin embargo, lo que quizá no estemos apreciando es cómo un deterioro de la rutina puede afectar nuestras empresas.

Revisemos ejemplos de rutinas en el campo profesional (que de igual manera se pueden aplicar al personal): los médicos hacen una visita temprana a los pacientes del hospital; un piloto de un avión completa su chequeo de seguridad antes de partir; se cuadra la caja diariamente; se revisa al final de la tarde el reporte de ventas; los comités de gerencia se realizan los jueves en la mañana; todo el personal llega antes de las ocho de la mañana a trabajar.

Otros ejemplos: el balance mensual se revisa el día tres del mes siguiente; los directorios se realizan una vez al mes; al personal se lo evalúa dos veces al año, y así sucesivamente. ¿Esto es malo? ¿No es rutinario? ¿Debemos cambiar? ¿No debemos dejar que cada gerente de área maneje el tema a su estilo? Claramente la respuesta es no.

¿Podríamos concluir, entonces, que la mayoría de nuestras acciones directivas son rutinarias? En este caso, la respuesta es sí. Sin embargo, esto no significa que no podamos innovar, desarrollar cosas nuevas y cambiar procedimientos.

Lo que sucederá es que, como consecuencia de cada cambio, mejora o innovación, regresaremos a una rutina diferente a la anterior, pero rutina finalmente.

Sin embargo, a veces los cambios no se pueden considerar como nuevas rutinas, como por ejemplo al reemplazar reuniones diarias por el e-mail, al pasar de los manuales de procedimientos voluminosos y obsoletos a la recordación práctica, al cambiar el comité semanal interminable por una reunión quincenal de una hora y al pasar de la burocracia controlista a la delegación total.

¿Nos suena familiar? Rutina no significa necesariamente dejar de prestar atención, hacer las cosas sin responsabilidad o no mejorar.

Lo que viene sucediendo en las empresas es que, por el afán de cambiar, de simplificar, de lograr eficiencia y de administrar mejor nuestro tiempo, nos salimos de una rutina que puede ser riesgosa.

Nos puede hacer perder la “sensibilidad del negocio”, la percepción sobre el mercado y el control, así como descuidar las relaciones internas, entre otras cosas.

La rutina llevada seria y profesionalmente es quizá la forma más efectiva de aprender más, de identificar cambios y poder reaccionar, de eliminar errores por nuestro “ojo clínico” y de conocer mejor que nadie lo que hacemos, lo que somos, a quién nos dirigimos y qué es lo que el mercado quiere.

Gary Hamel, gurú en temas de innovación estratégica y autor del libro “Liderando la Revolución”, nos sugiere, rompiendo paradigmas, que un camino al éxito empresarial está en adoptar una rutina para así poder desarrollar cosas nuevas mejores y diferentes.

Sin embargo, no sólo en el Perú, sino en el mundo, la velocidad con que se mueve el ámbito empresarial nos puede hacer perder la rutina; pero dejarla puede ser un grave error.

(Publicado por el Diario El Comercio 15.09.01)

 

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