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SOBRE TOMA DE DECISIONES

 


Palabra clave: 
 GERENCIA EN SALUD. TOMA DE DECISIONES

OPORTUNIDADES DE MERCADO

Autor: Juan Alberto Forsyth Alarco

Los ejecutivos se encuentran a diario en situaciones en las cuales deben tomar decisiones. Algunas son sencillas, otras complejas. Al momento de tomarlas, usualmente, la información disponible es incompleta e involucran un elemento de riesgo. En este ejercicio se tomarán buenas y malas decisiones.

Es frecuente que los ejecutivos sientan temor al momento de tomar una decisión. Esto se debe a que cada una de ellas comprende un riesgo con su probabilidad de éxito o fracaso. Para evitar tomar decisiones que fracasen, muchas veces se prefiere no tomar ninguna, descartando a su vez aquellas que conducen al éxito.

La misma actitud es común entre los trabajadores que no ocupan cargos ejecutivos, quienes tratan de evadir su responsabilidad al momento de tomar una decisión, trasladándosela a su superior. Esta situación se repite en toda empresa y la toma de decisiones se concentra en una o muy pocas personas. De esta manera, las organizaciones se vuelven burocráticas que dejan pasar muchas oportunidades. Este mismo efecto se produce cuando los jefes no delegan y quieren participar en todas las decisiones de la empresa.

Por ello es importante tener en cuenta algunas consideraciones cada vez que se toma una decisión. Primero hay que evaluar su impacto en toda la organización. Aquellas, de mayor trascendencia, deben ser tomadas finalmente por los ejecutivos de más alto rango, mientras que las de menor trascendencia, deben ser tomadas en los niveles intermedios.

Cuando se toma en niveles distintos a los operativos, la sugerencia de la decisión debe venir de los trabajadores que tengan un mejor dominio de la situación. Estas personas deben comunicar, además de los hechos, su opinión sustentada de cuál es la mejor elección entre las distintas alternativas que se plantean.

En segundo lugar, las decisiones hay que tomarlas en forma oportuna, con la finalidad de que la organización se beneficie con mayor rapidez de los cambios propuestos. Lo “inteligente” es tomar la decisión en el momento adecuado. En un entorno competitivo es importante poder tomar las decisiones antes que la competencia.

En tercer lugar, se deben evaluar las consecuencias de las decisiones tomadas. Los resultados de estas se conocen en el tiempo. Las organizaciones tienen que aprender de las buenas y de las malas decisiones. Cuando se cometen errores, las empresas deben aprender, evitando volver a repetirlos. Los directivos de la organización deben tomar una actitud positiva frente a los ejecutivos que toman decisiones  cometen errores. Estos deben ser comentados, evaluados y se deben sacar conclusiones. Una vez realizado este ejercicio hay que evitar recordar continuamente los errores y llamar la atención reiteradamente a los ejecutivos por los  mismos. El reproche no es constructivo sino destructivo.

Finalmente, las malas decisiones hay que detectarlas a tiempo. Si nos damos cuenta que una decisión estuvo mal tomada y no es posible corregirla, hay que reconocerla rápidamente. Tratar de “ limpiar ” una mala decisión hace que la organización, eliminando los temores asociados a los errores que se puedan cometer al momento de adoptarlas. Esto generalmente está asociado a un cambio en la cultura de la organización que involucra a todos sus integrantes. Para lograrlo, los jefes tienen que aprender a delegar y darles poder a las personas que están a su cargo, las cuales a su vez deben sentirse con la confianza y el respaldo cuando pongan en práctica sus ideas. Los trabajadores deben tener un claro entendimiento de las decisiones que puedan tomar y las que deban reservar para sus superiores.

Publicado por el Diario El Comercio el 12 de Agosto de 1999

 

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