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¡ OLVIDÉ LOS COSTOS Y ESTOY PERDIDO !

 


Palabra clave: 
 ECONOMÍA DE LA SALUD. COSTOS.

Autor: Pinkas Flint

 

Los costos siempre son mayores de lo que se esperaba, incluso cuando se vaticina que se vayan a reducir. Requieren un cuidadoso examen y una constante tarea de contención para que no se desboquen.

 

Juan se rompía la cabeza. “No entiendo. Cuanto más vendo, más pierdo. Estoy con pedidos al tope. ¿Cómo es que estoy quebrando?”. Juan está profundamente engañada sobre lo que debe hacer. No se trata de vender sino de ganar dinero en las ventas.

María dice: “Estoy ganando dinero. Unos US$2 mil por mes”. “Pero más bien creo que estás perdiendo plata, le responde su esposo, pues estás trabajando todo el día y te ayudan además tu madre e hijos. Si ellos cobraran y no usaras el local de tu papá, pues estarías en rojo”. Debemos cobrar nuestro trabajo y el uso de nuestros bienes. Ronald insiste: “Ya hemos invertido US$ 15 mil en la reparación. ¡ Se ha vuelto a malograr! Es un desastre. Pero US$ 60 mil para reemplazarla es muchísimo dinero. Ni pensar en comprar otra si sólo tiene tres años. Habría que volver a invertir plata a ver si salimos del problema”.

Hey, hey. Detengámonos aquí y revisemos conceptos:

¿Por qué costear?: Aquellos que sólo ven en el merado un campo de batalla que se debe conquistar deben reflexionar que en algunas colinas no vale la pena sacrificar todo nuestro batallón. Aquellos que argumentan la validez de perder para ganar luego deben tener bolsillos profundos y espaldas anchas. La mayoría de nosotros no podemos darnos ese lujo. La diferencia entre una empresa grande y una pequeña o mediana es que cuando la primera se equivoca vuelan algunas cabezas y tapan el error con dinero. En los casos de las Pyme, el error se tapa con tierra. Siempre debemos efectuar un cálculo costo – beneficio. Muchas empresas no tienen el cuidado de llevar contabilidad. Lamentablemente la mayoría no costea sus actividades. ¿Cuánto realmente me cuesta el producto o el cliente? En la fijación de precios el costo es el piso, mientras la competencia fija el techo a respetar.

Costo de oportunidad: Éste no figura en el estado de ganancias y pérdidas, porque más que un concepto contable es económico.

El dinero, el tiempo y el trabajo cuestan. Sin embargo, nos engañamos pensando que estamos haciendo dinero y no cobramos al negocio nuestro trabajo, tampoco el local (nuestra casa) ni la labor de toda la familia.

A esto los economistas denominan costo de oportunidad. Si no estuviera haciendo lo que hago podría usar mi esfuerzo en algo diferente. Si no me rinde ser profesor, seré taxista. Si mi carro no encuentra pasajeros, pues lo usaré en una empresa de turismo. Pensemos bien si nuestros activos –recursos humanos, financieros, inversiones- no tienen un mejor uso que el que le estamos dando. No nos olvidemos de cobrarnos por lo que hacemos o usamos.

Costo hundido: no menos importante es el costo hundido.  Estos costos perdidos representan dinero ya gastado sobre el cual no podemos hacer gran cosa. Como dicen los jóvenes “ya fue”. Estos montos no tienen relevancia alguna para las decisiones futuras.

¿Por qué debería tomar en cuenta lo que me costó la máquina para decidir de acá para adelante? Porque psicológicamente nos resistimos a reconocer un error. Así, seguimos estudiando una carrera que no nos gusta porque ya hicimos cuatro años. Seguimos trabajando en una empresa porque sólo faltan cinco más para jubilarnos. Estos costos debemos hundirlos, ya están perdidos. Si nos equivocamos, no persistamos en el error.

Moraleja: los costos de oportunidad y los costos hundidos son dos caras de una moneda que no podemos ignorar.


Publicado en el Diario El Comercio 01.06.01

 

 

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