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Dr. Jaime Otero M. Cuando
recibimos en nuestros consultorios algún paciente que presente alguna limitación
congénita, sensorial o motora, deberemos analizar detenidamente su entorno
familiar por que tendremos que conocer muy de cerca a sus padres, hermanos,
abuelos, qué orden ocupa, cómo es tratado en su medio familiar, si ha sido
aceptado con cariño o si es tratado con rechazo o indiferencia, etc. Desafortunadamente
no todos los niños que tienen limitaciones en su crecimiento, desarrollo o
habilidades mentales son tratados con amor, inclusive por sus padres. Recuerdo
haber tratado durante muchísimos años a un niño que tenía una parálisis
cerebral severa y quien se encargaba del paciente para todo efecto era el padre,
ya que la madre había rechazado desde su nacimiento a su propio hijo. Parece
extraño, pero sucede. No queremos opinar categóricamente al respecto, sino
simplemente lo estamos relatando. Otro concepto que se debe tener presente es el solicitar un informe detallado al médico tratante del niño y de preferencia pedir una entrevista con él. Es importante saber cuál es su opinión sobre el origen de la afección y el futuro esperado. No dejar de tener presente que nosotros trataremos los problemas bucales del niño pero quien señalará todas las disposiciones generales de terapia de índole médica, será él y por ello tendremos que mantener una relación estrecha y permanente. Muchas veces algunos dentistas tienen cierto rechazo para tratar a pacientes especiales, fundamentalmente por que desconocen el tipo de alteración orgánica que presenta el paciente y sobre todo, por que no están familiarizados para tratar a quienes tienen esa patología específica. La opinión de los profesionales que tienen experiencia en el tema de los pacientes especiales, es que el profesional de práctica general no debe (por que no puede) tratar a todos los tipos de pacientes especiales o discapacitados, ya que es mucho mejor hacerlo con algunos de ellos y derivar la atención de quienes tienen cuadros con los cuales no estamos familiarizados, a quienes sí lo están. También es importante conversar con el médico y con rehabilitador físico que esté tratando a nuestro nuevo paciente, para conocer su opinión profesional y sobre todo, para saber qué área específica se está trabajando en ese momento y cuál es la mejor manera y el mejor momento que ellos nos recomiendan para tratar al niño. Si nosotros ponemos la mano sobre su organismo sin coordinación previa, podremos estar siendo inoportunos o estar trabando irremediablemente y de manera definitiva una etapa de su proceso de rehabilitación. El niño no es solamente su boca. Todo tratamiento médico rehabilitador o preventivo, debe ser ejecutado respetando su entorno y sobre todo las circunstancias y los momentos de su terapia.
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